Tuesday, June 23, 2015

Gumaro Encinas



GUMARO ENCINAS

Historia Original de mi abuelita, María Antonieta González Domínguez

Es un mal. Nacer hijo de campesino es un mal. Quiere decir que tu viejo fue usado y la vieja aguanto mucho. No tenían voluntad. Aceptaban mensamente vivir en el descontento. Con el chorro de hijos hambrientos se volvieron mansos y asustados. De once hubo seis entierros. Fuimos a la escuela rural. La maestra era borracha, que lo fuera, pero ese asunto de aprender par ser agradecidos nunca me gusto. 

Mis hermanos se urgían con los libros, queriendo salir de pobres. Me dieron lastima; con tanto desocupado en el pueblo nomas mirando el reloj de la plaza esperando un milagro, de que iba a servirles la escuela. Yo me Salí al cuarto año pues el viejo se puso en junto y tembloroso, tuve que ayudarle. No quería que dejáramos la tierra. Se pasan hambres le daba por decir, pero no es culpa de la tierra y se callaba sin hallar a quien culpar. Asi se resigna uno. La vieja también, obediente se resignaría, parecía una perra flaca recién parida y solo mostraba emoción al pensar que nos fuéramos de su lado. Se acostumbró aguantar el hambre sin enseñar los dientes; cuando la cosecha era buena , nos compraban ropa que siempre acabo en remiendos. 

Yo detrás de la yunta me sentía solo. Debe haber sido el descontento. Así empieza, tempranito, un sentir de que se está muy solo y esperando algo que no llega. Me agarro una tarde sentados afuera del jacal viendo el sol desaparecer. Ninguno hablo. El hablar traería quejas, por eso éramos tan mudos. Mire a la familia malgastada y triste. El padre bueno como los bueyes que jalan la yunta fijaba los ojos igual que mi madre en la distancia, largo rato; con un suspiro, se tendrían en el suelo a dormir. La parcela no daba pa tantos. Comencé a odiar las madrugadas. Sintiendo que fuera muy grande dominaba la vida de todos. Nunca tuve amor por la tierra, era de resignarse a vivir con hambre y ver a mis hermanas disimulando su vergüenza, llena de miedo, los ojos pelones de antojos en el pueblo.
Yo también silenciando los  de hacerme hombre para no acabar como los bueyes que jalan la yunta, aguantador y quieto. Andaba en los quince años. Aquel día hubo una fiesta en la escuela. La maestra llego borracha, se orino a medio patio y dijo que nos fuéramos a la chingada todos. Que ya no enseñaba más. Las muchachas pa el burdel y los muchachos a ser capones. Que si Juárez hubiera valido algo, no estaríamos tan jodidos. Insulto al Gobernador y a cuanto político se decía hombre en este país. Yo me le acerque para que me explicara las cosas dichas y me contesto: vete con Gudilio, ese si es el hombre: pero lo va a matar el Gobierno, no lo quiere vivo: Luego echo de gritos: ¡Gudilio! ¡Gudilio Zamora! ¿Dónde andas? A mí me gusto que una vieja llorara tanto por Gudilio Zamora y le dijera hombre. Me emborrache con ella. 

A la mañana siguiente me sentí más solo que nunca. Salí de huidas pa el pueblo. A los seis días de no comer me dieron trabajo en un aserradero escondido. Nos pagaban por meter madera robada en las noches. Rapa montes le decían al dueño y los centavos eran buenos. Compre mis primeros zapatos, pronto le agarre el gusto a no andar descalzo. Si la yerba no había de crecer pa que yo tuviera zapatos, pos que no creciera. Entre más centavos ganaba más enojado me ponía acordándome de mis hermanos. Al año los fui a ver. Cargaba dinero. Mejor no hubiera ido. Sentí que la fuerza extraña nos dominaba otra vez.  El pantalón de mezclilla y algunos billetes que nunca habían visto hicieron que se soltaran en risas nerviosas, como si no fueran mis hermanas. Huían a esconderse. Parecían tontas. Mi madre cacheteando tortillas, con la cara seca, no volteo cuando entre. Mi hermano, serio, no levanto la cara del piso para verme. Llego el padre, ya me sentían desconocido.  “No queremos tu dinero”  - me dijo –“Eres un ladrón, yo no te enseñe a robar”. Yo le di razones_ las que le escuche al patrón – que el gobierno era más ladrón y que nadie ayudaba a nadie. Le agregue de mi parte lo de la injusticia y que las cosas no estaban bien. El me contesto – que si el gobierno era ladrón, lo pagarían con su conciencia y que si las cosas no estaban bien es porque yo no sabía conformarme: Me puso de ejemplo a mi hermano, que seguía con los ojos fijos en la tierra: Le requerí por las muchachas. Serán buenas mujeres como su madre, respondió. Yo le dije que los tiempos cambian y que hay mucho inconforme que hace mal marido, se siente una fuerza en el aire que nos domina. En la carretera, uno ya no puede andar doblegado. Me miro sin convencimiento y siguió hablando. Su padre estuvo en la lucha por cambiar las cosas y no cambiaron. "Sufrir no es malo, hay peor cuando se conoce a los hombres” – repitió sin animo. Yo me disculpe y les dije que se olvidaran de mí, para eso mi vida era mía. Mi madre nos miró compadecida. Mis hermanas tenían los ojos vacíos. Mi hermano me pidió que saliera, que el entendía lo que me puso el alma tan revuelta y que el dinero no me lo iba a curar. La maestra tuvo razón – estamos muy jodidos, pero no es culpa de ser campesinos – repetia lo de la tierra es buena, sin hallar a quien culpar. 

Yo volví al aserradero. Al patrón le daba mucha risa que le echaran a la guarnición pa obligarlo a respetar al gobierno. Nos dobló el sueldo y nos puso un arma en la mano. “Vamos a pelear!” – dijo – “este es asunto de hombres, nada tiene que ver con la justicia. El Gobernador quiere los montes para el. Yo los quiero para mí. Además no hay peligro: dirán que fue la gente de Gudilio Zamora”.  Fuimos en camionetas al burdel. El patrón pago.   

Pensando en que a Gudilio Zamora lo seguía la tropa me fije que las muchachas tenían mas carne que mis hermanas. Algunas parecían idas. Otras simulaban ser ganosas pa sacarle a uno los centavos. Me toco una más apagada que yo. No pude, me deje y me gusto. Ya tendría en que gastar los centavos cuando me sintiera muy solo. Mientras se lavaba la raja, le pregunte si Gudilio Zamora iba allí. –“Gudilio quiere a la gente y la gente lo quiere a él, por eso no viene aquí. Lo van a mater y a cuanto campesino lo siga. – “Yo voy a matar soldados” – le dije para sentirme cerca de alguien. –“No les importa quien caiga, dirán que fue Gudilio. “¿Por qué vas?” – “Adonde más voy” – le pregunte sincero a ver si me daba una respuesta. – “Tienes razón” – contesto –“Es igual”. Quise saber si allí iban los soldados y como eran... Dijo “si, juntos hacen ruido, solos no tienen cara, pareces sombras hambrientas. No miran de frente”-

El Patrón aseguro que no iban arriesgar mucho ejército pues no les convenía, a los más un pelotón. Éramos doce en el aserradero, tenía miedo, me golpeaba ser usado igual que mi viejo y los soldados. No me habían hecho ningún daño. De suerte llegaron a traición, de sorpresa y disparando ciego. Quemaron el aserradero. El Gobernador se quedó con el monte y yo proscrito como una de las gentes de Gudilio Zamora. Al patrón lo mataron en la carretera, se dijo que fue un accidente. Dese entonces ando en la sierra. A veces me dan de comer porque digo que soy de ustedes, otros se niegan. Ya me canse de andar solo en esta inconformidad, hare lo que ustedes manden. 

¿Sabes leer? – Pregunto uno de ellos – “si” – contesto el campesino agradecido. –Esto es en serio- le dijeron al ponerle el brazo al hombro, -hay que aprender muchas cosas. Le dieron un manifiesto. Brigada campesina de ajusticiamiento del partido de los pobres. –Paso la noche llorando, tuvo visiones; sus hermanas peinadas y con zapatos nuevos, el padre manejaba un tractor, la cara al sol. Los jilotes crecían hasta las nubes y había mucha comida entre las milpas para todos. En la mañana hubo que esconderse, avisaron que los soldados estaban cerca. Mientras huyen pregunta ¿Pues qué no se trata de matar al gobierno? –Uno de ellos contesta- ¡no somos asesinos! Solo si tocan a Gaudilio Zamora entonces ¡verán! Guamaro Encinas se sintió hombre, amado por hombres. –Ahora si quiero vivir- grito a su compañero, mientras cuidaba que el rifle no se le cayera.



1 comment:

  1. Tengo la revista El cuento (junio-julio, 1974) donde viene este relato. De dónde es originaria María Antonieta?

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