Tuesday, June 23, 2015

Gumaro Encinas



GUMARO ENCINAS

Historia Original de mi abuelita, María Antonieta González Domínguez

Es un mal. Nacer hijo de campesino es un mal. Quiere decir que tu viejo fue usado y la vieja aguanto mucho. No tenían voluntad. Aceptaban mensamente vivir en el descontento. Con el chorro de hijos hambrientos se volvieron mansos y asustados. De once hubo seis entierros. Fuimos a la escuela rural. La maestra era borracha, que lo fuera, pero ese asunto de aprender par ser agradecidos nunca me gusto. 

Mis hermanos se urgían con los libros, queriendo salir de pobres. Me dieron lastima; con tanto desocupado en el pueblo nomas mirando el reloj de la plaza esperando un milagro, de que iba a servirles la escuela. Yo me Salí al cuarto año pues el viejo se puso en junto y tembloroso, tuve que ayudarle. No quería que dejáramos la tierra. Se pasan hambres le daba por decir, pero no es culpa de la tierra y se callaba sin hallar a quien culpar. Asi se resigna uno. La vieja también, obediente se resignaría, parecía una perra flaca recién parida y solo mostraba emoción al pensar que nos fuéramos de su lado. Se acostumbró aguantar el hambre sin enseñar los dientes; cuando la cosecha era buena , nos compraban ropa que siempre acabo en remiendos. 

Yo detrás de la yunta me sentía solo. Debe haber sido el descontento. Así empieza, tempranito, un sentir de que se está muy solo y esperando algo que no llega. Me agarro una tarde sentados afuera del jacal viendo el sol desaparecer. Ninguno hablo. El hablar traería quejas, por eso éramos tan mudos. Mire a la familia malgastada y triste. El padre bueno como los bueyes que jalan la yunta fijaba los ojos igual que mi madre en la distancia, largo rato; con un suspiro, se tendrían en el suelo a dormir. La parcela no daba pa tantos. Comencé a odiar las madrugadas. Sintiendo que fuera muy grande dominaba la vida de todos. Nunca tuve amor por la tierra, era de resignarse a vivir con hambre y ver a mis hermanas disimulando su vergüenza, llena de miedo, los ojos pelones de antojos en el pueblo.
Yo también silenciando los  de hacerme hombre para no acabar como los bueyes que jalan la yunta, aguantador y quieto. Andaba en los quince años. Aquel día hubo una fiesta en la escuela. La maestra llego borracha, se orino a medio patio y dijo que nos fuéramos a la chingada todos. Que ya no enseñaba más. Las muchachas pa el burdel y los muchachos a ser capones. Que si Juárez hubiera valido algo, no estaríamos tan jodidos. Insulto al Gobernador y a cuanto político se decía hombre en este país. Yo me le acerque para que me explicara las cosas dichas y me contesto: vete con Gudilio, ese si es el hombre: pero lo va a matar el Gobierno, no lo quiere vivo: Luego echo de gritos: ¡Gudilio! ¡Gudilio Zamora! ¿Dónde andas? A mí me gusto que una vieja llorara tanto por Gudilio Zamora y le dijera hombre. Me emborrache con ella. 

A la mañana siguiente me sentí más solo que nunca. Salí de huidas pa el pueblo. A los seis días de no comer me dieron trabajo en un aserradero escondido. Nos pagaban por meter madera robada en las noches. Rapa montes le decían al dueño y los centavos eran buenos. Compre mis primeros zapatos, pronto le agarre el gusto a no andar descalzo. Si la yerba no había de crecer pa que yo tuviera zapatos, pos que no creciera. Entre más centavos ganaba más enojado me ponía acordándome de mis hermanos. Al año los fui a ver. Cargaba dinero. Mejor no hubiera ido. Sentí que la fuerza extraña nos dominaba otra vez.  El pantalón de mezclilla y algunos billetes que nunca habían visto hicieron que se soltaran en risas nerviosas, como si no fueran mis hermanas. Huían a esconderse. Parecían tontas. Mi madre cacheteando tortillas, con la cara seca, no volteo cuando entre. Mi hermano, serio, no levanto la cara del piso para verme. Llego el padre, ya me sentían desconocido.  “No queremos tu dinero”  - me dijo –“Eres un ladrón, yo no te enseñe a robar”. Yo le di razones_ las que le escuche al patrón – que el gobierno era más ladrón y que nadie ayudaba a nadie. Le agregue de mi parte lo de la injusticia y que las cosas no estaban bien. El me contesto – que si el gobierno era ladrón, lo pagarían con su conciencia y que si las cosas no estaban bien es porque yo no sabía conformarme: Me puso de ejemplo a mi hermano, que seguía con los ojos fijos en la tierra: Le requerí por las muchachas. Serán buenas mujeres como su madre, respondió. Yo le dije que los tiempos cambian y que hay mucho inconforme que hace mal marido, se siente una fuerza en el aire que nos domina. En la carretera, uno ya no puede andar doblegado. Me miro sin convencimiento y siguió hablando. Su padre estuvo en la lucha por cambiar las cosas y no cambiaron. "Sufrir no es malo, hay peor cuando se conoce a los hombres” – repitió sin animo. Yo me disculpe y les dije que se olvidaran de mí, para eso mi vida era mía. Mi madre nos miró compadecida. Mis hermanas tenían los ojos vacíos. Mi hermano me pidió que saliera, que el entendía lo que me puso el alma tan revuelta y que el dinero no me lo iba a curar. La maestra tuvo razón – estamos muy jodidos, pero no es culpa de ser campesinos – repetia lo de la tierra es buena, sin hallar a quien culpar. 

Yo volví al aserradero. Al patrón le daba mucha risa que le echaran a la guarnición pa obligarlo a respetar al gobierno. Nos dobló el sueldo y nos puso un arma en la mano. “Vamos a pelear!” – dijo – “este es asunto de hombres, nada tiene que ver con la justicia. El Gobernador quiere los montes para el. Yo los quiero para mí. Además no hay peligro: dirán que fue la gente de Gudilio Zamora”.  Fuimos en camionetas al burdel. El patrón pago.   

Pensando en que a Gudilio Zamora lo seguía la tropa me fije que las muchachas tenían mas carne que mis hermanas. Algunas parecían idas. Otras simulaban ser ganosas pa sacarle a uno los centavos. Me toco una más apagada que yo. No pude, me deje y me gusto. Ya tendría en que gastar los centavos cuando me sintiera muy solo. Mientras se lavaba la raja, le pregunte si Gudilio Zamora iba allí. –“Gudilio quiere a la gente y la gente lo quiere a él, por eso no viene aquí. Lo van a mater y a cuanto campesino lo siga. – “Yo voy a matar soldados” – le dije para sentirme cerca de alguien. –“No les importa quien caiga, dirán que fue Gudilio. “¿Por qué vas?” – “Adonde más voy” – le pregunte sincero a ver si me daba una respuesta. – “Tienes razón” – contesto –“Es igual”. Quise saber si allí iban los soldados y como eran... Dijo “si, juntos hacen ruido, solos no tienen cara, pareces sombras hambrientas. No miran de frente”-

El Patrón aseguro que no iban arriesgar mucho ejército pues no les convenía, a los más un pelotón. Éramos doce en el aserradero, tenía miedo, me golpeaba ser usado igual que mi viejo y los soldados. No me habían hecho ningún daño. De suerte llegaron a traición, de sorpresa y disparando ciego. Quemaron el aserradero. El Gobernador se quedó con el monte y yo proscrito como una de las gentes de Gudilio Zamora. Al patrón lo mataron en la carretera, se dijo que fue un accidente. Dese entonces ando en la sierra. A veces me dan de comer porque digo que soy de ustedes, otros se niegan. Ya me canse de andar solo en esta inconformidad, hare lo que ustedes manden. 

¿Sabes leer? – Pregunto uno de ellos – “si” – contesto el campesino agradecido. –Esto es en serio- le dijeron al ponerle el brazo al hombro, -hay que aprender muchas cosas. Le dieron un manifiesto. Brigada campesina de ajusticiamiento del partido de los pobres. –Paso la noche llorando, tuvo visiones; sus hermanas peinadas y con zapatos nuevos, el padre manejaba un tractor, la cara al sol. Los jilotes crecían hasta las nubes y había mucha comida entre las milpas para todos. En la mañana hubo que esconderse, avisaron que los soldados estaban cerca. Mientras huyen pregunta ¿Pues qué no se trata de matar al gobierno? –Uno de ellos contesta- ¡no somos asesinos! Solo si tocan a Gaudilio Zamora entonces ¡verán! Guamaro Encinas se sintió hombre, amado por hombres. –Ahora si quiero vivir- grito a su compañero, mientras cuidaba que el rifle no se le cayera.



Thursday, April 2, 2015

La Ballena Blanca

La Ballena Blanca
María Antonieta Domínguez
Una noche Nausicaa se asomó al espejo y no encontró su cara. En el lugar estaba haciendo siendo tiempo un rostro de Ballena Blanca. Al poco rato  de fijar sus ojos dijo: .A. Cuando nota su cuerpo entero;  Es una realidad. Esta completa. La sorpresa era feliz. No había sido un reflejo nuevo. Las Ballenas Blancas vistas y sentidas en otros mundos se sienten, luego son. Al encontrarnos solos no son.
Los brazos de la ballena blanca macho se agitan con suavidad como dando instrucciones, no señalan al hablar giran. Sostiene en sus manos un vaso que lleva y regresa a su boca, en continuo, bebe. Pasa por la cabeza de Nausicaa su primer deseo ante el espejo. “Como quisiera que sea mía esa ballena blanca macho”. No es como una ballena que permanece/pertenece en el pasado. Su imagen posa amable, oculta ser débil. El reflejo la simula muy conforme.
Nausicaa de repente cierra sus ojos y se deja ver a la Ballena Macho. Pesa tanto la cabeza cuando se piensan los tiempos muertos. Cuando las cosas no hechas pesan pasan. Oyendo de lejos voces, abre la mirada a la reflexión que continua imaginando.
Vio.
Sintió.
A su mismo tiempo. Una reunión de peces que se escuchan absortos a sus propios pensamientos de la Ballena Macho.  Sordos a los de afuera.
En grupo no son uno.
La Ballena Blanca Macho se transformó en lo que Nausicaa cierra sus ojos. Se hizo distinta. Fue. Posee una seguridad en sí mismo. Por eso están los peces junto a él. Ahí. No es débil. Lo aparentaba. Me despierta a la curiosidad esa contradicción.
Saber.
Habita un cuerpo expresivo. Nausicaa inquieta piensa, eso es un ser dimensional. Ocupa:
Espacio
Ritmo
Adivina
Latitudes
Longitudes va.
Muy dispuesto a las ajenas si las acepta por estar de acuerdo. Falta de lugar volumen, peso de las palabras muere. Peligro.
Desaparecieron.
Opuestos a
La contradicción que establece el circulo, la línea que nos muestra los infinitos tierra. Si gira
El detener lo hace en el estatismo.
La muerte no es un silencio.
No nato.
Lleno de latidos y agua.
Vive su contradicción diciendo si diciendo no.
La Ballena Blanca Macho y Hembra aman sus dos libertades.
La vida y la muerte.
Cargan con obsesión de tan grande su mismo, que demuestran se hacen. Perdiendo el tiempo. Vuelven vientos a su matriz luz. Así se multiplican. Giran el tiempo todo alivia, responsabilizada sus pesos, desplazando precisiones de equilibro magneto-cosmos de la simetría que gira y gira.
Dos.
Las constantes nunca duermen, por eso los seres en la dimensión desaparecen por suicido. No controlan las respuestas que contesten sus deseos.
Libertad para cambios.
Quieren ser libres. Con la vuelta aumentan los sentidos de su límite, son en la totalidad. Saben estar cuando giran, giran. Se quedan quietos en el encuentro del otro. Otros. Ya no viene la muerte a ellos, logrando controlando manía de invenciones nuevas de no tener la suya que coincida con la que es.
¿Quién es?
Niegan.
Afirman.
Amaron la libertad en tal extremo que la dividen en su tiempo, dan cuerpo.
Dicen si.
Dicen no.
Es el salto sobre su barrera.
Miedo.
Duda de si mismo con un acto de valor por los supuestos, son antes y después en su propia reflexión.
Van y van.
Los trae…
Los lleva…
Por eso no se miran a menudo las ballenas blancas. Nausicaa vuela en sus ojos piensa; como deben sufrir las ballenas blancas.
Decidido llegando a el
Pregunta
Le cuesta llegar cerca. Sus risas resoplidos de la ballena blanca macho hacen alejan llegar lejos. Las olas ponen a los peces en la tierra. Los que sobreviven al temor dicen .A. permanecen.
Es una verdad.
Nausicaa escucha el monologo. La ballena blanca viejo habla de orígenes, especies una. Ella no comprende, espera hablar. Los peces poco entendieron. Contemplan la melena del ballena blanco viejo, creciendo a los lados crece hacia arriba, su figura aumenta en proporción, es una larga cabellera que cae hasta los pies, desmoronando en la esquina del mar sobre su cola plantado en eje de su cuerpo.
Sigue.
Habla habla…
Los peces responden si ¿por que será?
Nausicaa se sienta junto a el, hace silenciosos a los otros. Los ojos están juntos. –Me mira la ballena blanca viejo de lado, cauteloso, bovinamente y en la espera. Los cuernos su cabeza son de fuego. Se siente solo en su habla y habla. Ellos no lo saben; yo lo intuyo; las cosas tienen fin. Los peces se alejan cambiando entre si.
Eran solo Nausicaa y la ballena blanca
Hablan hablan.
Ella exhala suspiro que se vuelve risa.
¿Por qué violentas?
Transforma.
Descubre.
No inventes.
Todo es más sencillo.
Mueca adusta, se encoje, amenaza hundirse.
La ira de la ballena blanca incendia los cielos con sus vientos, sacuden el cuerpo del otro ser. Los escalofríos que avisan por su cuerpo impresión, impresionan: la ballena blanca se agoniza; está agonizando.
No siente.
Se defiende…
Yo estaré aquí hasta que mueras ballena blanca viejo.
 Su voz contesta estrangulada, los brazos cuelgan con ojos que miran hacia arriba, grita suspirando fuerte.
El hombre me mata a la ballena blanca día en día.
Ballena blanca macho no lo entiendes, me voy de donde viene el otro lado del espejo. Aun no háblame Nausicaa.
A la ballena blanca no la mata el hombre que anticipa ser a su tiempo, te desunes solo.
Creas la vida al detener la muerte.
Creas la muerte al detener la vida.
Los demás haciendo igual. Donde te paras comienzas, tanto te amas a ti mismo como quieres que te amen duele…
Amas aun.
Dos ojos ven sobre la arena, buscan, sus bocas corren asustan, restos de ballenas adolescentes; no encuentran el mar. Su cuerpo fue lo inútil, cuelga el cuello de una mujer blanca, con el labio abierto entra. Recorren los polos a la misma hora, sueñan despiertos.
Velan.
Es el vientre de la ballena negra inmóvil que espera para estar. Al mayor lo mata la minoría, en su mayoría no puede. A combate entre ellos se defiende, la forma violenta del martirio, para volver uno dando al dos. Alarga sus brazos, desaparecen a la misma hora.
La ballena blanco macho se toma el vientre y ríe, risas del amor por su propia vida. De manos lo hago que ría –diciendo- no se ama. Como los cambios continuaron, la ballena viejo dobla la espalda encubierto, se acerca a Nausicaa. -¿Qué quieres?- Yo Nausicaa seguir hablando. La ballena blanca macho olvida, llena el vaso vacío, lo lleva a su boca. Sonriendo como duda alegre a asus ojos incierto de su duda que lo hace vivir defensas, intenta, siente transformaciones de persona.
Hablemos.
El, estamos solo tu y yo. Ella somos tu y yo en el mismo respiro. El no la ve; busca el horizonte añora olvido olvida a los otros su propio encuentro, su voz contesta pastosa entre dientes y espirales medias, los ojos entrecierra viendo aun cortada a Nausicaa.
No creo en mi porque no creo ella;
Te reflejaste te reflejan, al proyectarte los otros te proyectan.
Eres una perspectiva mal empleada
Amas a la línea que no acabe
Y la acabas a todas horas
El ritmo se contrapone liga, continuando en su movimiento cambia gira
Tu vives juntos ritmos
Conocimiento
Desconocimiento…
Pugnan el desacuerdo entre tu y las cosas, das a unos menos… a otros mas. Te dices uno, unes y desunes para unirte. No sigas a todo tiempo rompiendo días. Cuando lo hagas tuyo el nombre acepto decir que estas solo, mientras tanto todos somos todos. Yo soy la portadora de lo tuyo. Tu no portas los que te dio antes que a mi, lo destruyes… tus hijos. Tus mujeres destruyen siempre tiempos absuelven que les maten a los hijos en tu disfraz por acumulamientos de las cosas, las ideas que provocan estallidos. Tu y las ballenas macho se preguntan de dónde vienen. Buscan la libertad liberando vidas o las suyas, al equivocarse significan los supuestos, crean el destino perdido. La poca importante de alterar el orden que va después, para poder ser antes; en la irreflexión que los une. Llevan la muerte en ti, inalcanzable no la sientes. Las palabras asesinaron a todas horas en sus tiempos de uso, viviendo al pronunciarlas todo muere en instantes que nunca están. El ser y conocerte te hace continuo.
Continúa…
Si te empeñas en llamarte de una manera hasta, y si te encuentras ya no le pongas nombre inútil. Así impones tu forma al unir las cosas que sufres de la desunión. No debes preocupar tu muerte, no la sientes otra vez.
Es el más el hombre que la ballena blanca animal.
Él vive de ti.
No tú de él.
Por orden de importancias en su plazo; cuerpo del tiempo. Se come tiempos sus hijos, debe terminarse en su cuerpo.
La nada es solo la muerte innecesaria de la que crea el en las manzanas. No podrá resucitar en los momentos de su sueño porque no vas a estar tu ballena blanca animal, muere para que el aprenda. Las situaciones emergen lo cambian. Deja que siga destruyendo y engendre su miedo.
Odio amor amor.
Transforma, iguala, repartir, libera algo nuevo, su concepción tan equivocada, se cree distinto entre sí, sin conocer los equilibrios que recibe el amar.
El hombre como tiene padre al que se escoge, viste entonces semejanza idolatría cosas objetos humanos. No mira a sus valores ajenos. Por no entender limita. Hay madre anterior al padre si te explicas la contradicción. Tiempla a sus hijos con pruebas difíciles, obtiene el mas de los espacios y la roca dentro de su tiempo tiempo.
¿Y el dolor? –pregunta la ballena blanca viejo bajando las comisuras de sus labios, nadan lágrimas. Es para hacernos vencibles – dice Nausicaa y se levanta.  –Me duelen las piernas de estar sentada. Siempre se tiende cuando la ballena el macho.
Puedes crear el gusto; sacar nuevas reflexiones; si no inventas. Seré siempre una ballena blanca el macho y se golpeó un trueno. Debe estar sola, hablo engaño, queriéndome hace, cree ser fuerte y ser feliz. Soy aun la ballena el macho.
Nausicaa va sobre, cuando termina el mar, la superficie la de afuera. Sin saber ocurre. La ballena blanca viejo viene en grandes trancos desplaza cantidades de agua por el camino. Nausicaa sorprendida de su fuerza se deja seguir. Estando derrumbado ahora corre. Se olvido que las ballenas blancas mueren.
Hambre
Hombre
La ballena blanca macho cubre con el cuerpo, bajan al fondo del mar. Silencioso hace un hijo.
No me ama.
Siente.
Perpetúa su especie, son instintos su renovación. Yo soy de la tierra el de otro mar. Ocuparon la noche marina venciendo el  cansancio; es la muerte que cambia las cosas. Duerme y despierta sola. En el fondo del mar es oscuro. Manda sus ojos a buscarlo, espera que la ballena blanca macho vuelva, si la encuentra.
Paso el día de noche en el fondo del mar. La noche sigue llega. Juegan como las primeras anteriores de la primera. Sus cuerpos se unen palpitan, apartándose como bofetadas dicuten. Ella dice no a todo lo que el dice no diciéndole si. La ballena blanca macho le pega con la cola, la barre con el viento de sus ojos cerrados. Ella salva a sus pies resiste; después de tanto es una posibilidad. La alegría se oye dentro de toninas que ríen de la tierra. Empieza y desaparece… amanecer. Caliente un calor entre las piernas sol y luna a los lados del instante. Ahora espera. Quiere a la ballena blanca para vivir su tiempo. Soñando de día así vela. Esta arriba cuando comienza el mar, no son los peces que escuchan tampoco conversaron, persigue el uno al otro el mayor se come al menor; todo la contradicción.
“Qué bueno que es grande la ballena blanca para no sufrir su muerte”.
El sintiendo la encuentra. Juegan.
En la tercera noche surge el acuerdo se ocupan bajo las lluvias.
Mareas altas.
Bajas.
Movimiento en el movimiento de los movimientos que al ascender llega. Nausicaa no duerme, quiere estar segura de que la ballena blanca macho va a quedar. Hace deshacer la orilla que los separa. Con los ojos muy abiertos dentro la vigilia parpadea y mira su rostro la reflexión: “como quiero que sea mía esa ballena blanca”.
Negando su espejo, niega su reflejo. Las ballenas son yo la encuentro aquí luego serán.




Saturday, February 14, 2015

Corazon de Pollo



CORAZON DE POLLO
MARIA ANTONIETA DOMINGUEZ

Lanzada por las continuas miradas a  la hora del recreo, un día sostuvo los libros y la sorprendió un beso. El primero. Tenía quince años. Regreso a su casa como si viviera en otro mundo. Acabaron sus problemas. No pelea con las hermanas y es buena con los padres. Ha encontrado un lugar en donde vivir y ser feliz.
El asunto del lugar en donde vivir y ser feliz dura unas semanas. Inesperada lucha deportiva corta su destino. Estaba muy segura. Queda esperando cartas o noticas de su vuelta. No llegaron. Conoce un miedo nuevo. Hace o puede deshacer las cosas. Ya no piensa de si mismo por si mismo, se piensa como se piensa, piensa el otro. De amarse paso a no amarse. 
El espejo cobra importancia, denuncia cambios. “¿Serán sus cejas tan pobladas?” Siendo bonita no refleja tan bonita. Pleito con las hermanas y sus padres han cambiado. Como poco. Las nuevas cejas despobladas enojan a toda la familia. Amenazan errores en el camino. Los hombres e hunden llevándole alientos y palabras, síntomas de mala salud o corazón de pollo dice el abuelito.
Una mañana dispuesta a no despertar más, llega la voz del ausente. El “bueno” incendia sus ojos, saltan festivos. Regresan días conocidos. El otro mundo se apodera, brilla sus cabellos y al espejo regresa un rostro muy querido. Tregua familiar. Es bonita, para ser perfecta solo falta ser famosa. “Mañana regreso a la escuela, pido perdón a mis maestros y estudio tenaz.”
La cita es al oscurecer, en el parque de los colorines. Mientras consume las horas, evoca a su perro muerto, una pulsera que perdió en el mar y las cenizas de su abuelita, reposan en providencia. Sorpresa de sentirse sola estando la familia en casa. “No llegaron cartas ni noticias de su vuelta” Por la tarde baila; baila tanto que una antigua nostalgia a punto la hace olvidarse del campeón. ¿Por qué mama no me deja ser bailarina? “Ser, ser, seré esposa y mis niños tritones”.
Inquietudes graves. El de la cita no aparece. La espera cancela la esperanza, las cartas no se perdieron en el camino. El crepúsculo decolora el satinado de sus ojos verdes. Se miran grises. “¿Y si oculta el vuelo de mi nariz?”
Lo escucha venir por la yerba. “Me dejo caer en sus brazos desmayada y reposo allí, dormida”. La banca es dura. Los arrumacos del tritón forzudos. Hace amagos. Juro a sus padres conversarse inviolada. “Si tropiezas no hay boda y tendrás que trabajar o aprender bien las matemáticas.” Deplorable porvenir.
Las manos frías advierten que algo cambió. Todo cambió. “Pudiste saber que no estaba muerto por las letras de la imprenta, circulaban a diario con mis triunfos” “Una tarjeta postal para que supieras que yo aún vivía”. El ríe  a un silencio que engulla lágrimas sin ruido. Parten por distintos caminos. Entrena para los mundiales.
Bajo lámparas eléctricas, que iluminan guantes, paraguas, baratijas, cosas que se rompen o se acaban, observa un reloj, le recuerda el mediodía. Las horas se vuelven una larga. Vive el embrollo del pasado a medias. Fue dificultoso. La muñeca de rizos negros nunca llego. Antiguas tías auguraban mal destino por correr en la bicicleta de su hermano. Atardeceres quietos; sonrisas de sus padres a destiempo. Olvido de un cuaderno, late fuerte sentencia estéril. A la Memoria así borra un rostro de maestra inquisidora. El año quebrado. Los dulces de lecha ya no saben a canela.
Sin levantar la cabeza lo decide o es como uno quiere o no se acepta. El embrollo se completa. Muchos piensan las cosas no están mal.
Un cortejo triste y delictuoso. Los padres mostraban sorpresa y sus caras eran de marfil. No entendían. Tampoco los hermanos. Ni los que leyeron la noticia. El abuelo resignado dilucida; no saben esperar y son asustadizos, por eso en provincia les llamamos corazón de pollo.